miércoles, noviembre 11, 2009

Tres visiones para un cambio: Libro Electrónico


¡lectores todos!

Quisiera invitaros al siguiente acto en el que participo en su organización a través de ESADE, la Escuela de Negocio, en Madrid. Libro Electrónico: tres visiones para un cambio.

Tema candente de este año, a todas luces.

"El libro electrónico llama a la puerta. La industria cultural por excelencia, la industria editorial, afronta trascendentes retos y transformaciones, que ya muchos consideran similares a los que se plantearon en las industrias de la música o del cine en los pasados años.

Y no se trata solo del papel. También influye en el canal de distribución y venta, el marketing de los contenidos y la promoción de los autores, los gustos del público, el sentido de los editores y el propio modelo de negocio.

Las nuevas formas de consumir libros, de comprarlos y de leerlos darán lugar a que muchos agentes de la cadena de valor desaparezcan. Los editores más tradicionales ven peligrar su influencia. Las pequeñas librerías deberán transformar su oferta. Cabe la posibilidad de que la piratería erosione los ingresos y dañe la reputación o pueda incluso ponerse en peligro la iniciativa empresarial. Frente a los riesgos anteriores, también se presentan grandes oportunidades: Internet es la ventana a las nuevas generaciones de lectores y a los autores con iniciativa e imaginación, a la difusión y a la pluralidad de las apuestas.

No existe una única fórmula de éxito. Hay quien piensa en copiar estrategias del mundo off-line y trasladarlas a las nuevas formas de hacer negocios. Otros creen que el éxito se encuentra muy próximo a la idiosincrasia y a las formas del mundo digital."

Para más información e inscripciones (es gratis) picha aquí.

jueves, octubre 15, 2009

What's this?

Como cuando enciendes la luz y
te das cuentas que nada falta y
que en ese preciso instante
un pequeño andamiaje se
nos desliza,
y que el nogal desprende su fruto
que el girasol oscila en el horizonte,

es un cuento largo y preciso,
una prosa con narrador que cambia
y son las palabras novedosas
del próximo cuento irrepetible,
un teorema de príncipes arrojados
una voz que antes fue mía
y que ahora es preciso entregarla,
el testigo fiel
que debo alimentar
y que se duerme esta noche
entre mis brazos.


martes, octubre 06, 2009

El cielo dirimido

Estimados lectores, hace tiempo que no actualizo mi pequeño otero, que no es lo mismo que decir que no escribo. Las vacaciones fueron intensas en proyectos, unos más fructíferos que otros, pero la suma total sigue siendo buena.

Decirles que en este lapsus terminé un nuevo sueño: GOMORRA. Un cuento que trabaja mi visión de la narrativa empresarial. Me apasiona lo que sucede en nuestras empresas. En ellas encontramos lo mejor y lo peor.

Quiero descubrirles este pequeño fragmento de la obra. No les dirá mucho, pero para ponerles en contexto imaginen al ejecutivo, que una vez finalizado su trabajo (con éxito o no), es recibido por el "cielo dirimido".

Que les guste. Deséenme suerte, lo he presentado a buenas puertas, concursos y lugares de propicia publicación.


PD. Recomiendo escucharlo con este aria de Rinaldo, de Haendel. Es la banda sonora de la obra.

«Dicen del cielo dirimido y de sus proximidades, dicen del sol, del tiempo que se nos vino, de la proximidad de la noche, del tiempo negro desvelado o revelado, del tiempo lelo o del cielo dirimido.

Acerca del atardecer de los soles. De las nubes trabucadas. Del cieno que huele a trinchera de combate. Del pecado original pero baldío. Del fin atisbado gracias al prócer hueco, de la noche dislocada, y en fin, que fueron también todas las ausencias y nuestros proyectos traviesos al atragantarse. Porque era tarde o fue demasiado pronto. O quizás ya no era, ni sirvió de nada, era la fruta no recogida del árbol. Pero nos pidieron salir con fuerza, salir con las botas puestas y semidesnudos o en pelotas cruzamos la calle, cruzamos las aceras ardientes, atravesamos los mares hasta alcanzar la platea del teatro público, y allí vociferamos a todos, nos jodimos allí mismito, y nos sobaron las tetas en directo, y del graderío nos asaltaban con insultos, y nos arrastramos en el cieno de los tirantes de la cacería, y fuimos como pécoras muy viejas, muy viejas, porque sucedió que se hizo tarde para aterrizar entre las tinieblas y fue que subimos a las almenas y fue que lanzamos dardos y caímos y fuimos de carne muerta donde luego hubo huesos y finalmente quedó solamente nuestro polvo.»

Éste era nuestro cielo dirimido.

«Yo tuve una gran piscina. Yo tuve varios coches de lujo. Tuve servicio. Tuve poder. Tuve secretaria, despacho. Tuve palco. Coche y tarjeta de empresa. Comidas con proveedores que se alineaban como esclavos para darme la mano, venían a besarme los tubérculos, era un plácido contubernio de focas obesas. Era la llamada del ganso, la sentina y cruel llamada del ganso fosco, aquel que no cabría por las puertas, aquel que no subiría las escalera sin la preceptiva humillación, la justamente correspondida, gentilmente aclimatada, la abonada, que reinó por una hora y que dejó escuchar sus gritos por las esquinas. »


miércoles, junio 17, 2009

La vida es sueño

Ayer nos reestructuramos, ¡otra vez! Estas grandes empresas más que empresas son ahora culebras retorcidas, algunas de ellas enfermas, histriónicas. La lechuza eleva su vuelo y sueña, sueña, y de madrugada se libera de la prisión dorada, cárcel de presos, condena por arrancar las monedas que nos alimentan. Huye.

Y mucha suerte que tenemos trabajo, no hay que quejarse tanto. Otros sueñan con él.

Les dejo con el inmortal Segismundo, que creo que también sabía mucho de todo esto que me pasa hoy.

lunes, junio 08, 2009

El agente literario

Cuando el autor finalmente hizo de la capa su sayo, como sucede a los mariquitas que salen del armario y que renacen a su nuevo entendimiento, decidió atravesar el pasillo de los creativos muertos en vida; se sacudió el polvo de sus zapatos (unos mocasines que irradiaban un lustre concomitante), se atusó los frontales de la cabeza, hermosos bastiones donde reposaban aquellos últimos y sectarios cabellos rubios para fruncir el ceño y picar al portero automático. Lo hizo con fuerza, puesto que quería causar una impresión inmejorable al agente literario.
Pero pasar, no pasó nada. Luego espero, espero otro buen rato… y nada. Silencio, bueno, casi, de no ser por un río de automóviles que ahuyentaban todos los pensamientos del autor y de paso las palomas de la avenida. Otra vez más, tomó aire, dio un traspiés, suspiró y se ajustó el nudo de la corbata. Era de seda, de buen lustre y acabado. Y casi limpia, descontando alguna mancha de grasa extraviada en su reverso.
El autor habría de aproximar la mano lentamente al timbre, enfocando sus fuerzas en aquel voluptuoso acto, pero fue entonces cuando sonaría el móvil de trabajo: qué fastidio, esta vez era un cliente.
—Sí.Los clientes llamaban por las mañanas, por las tardes, eran unos completos maleducados, no le permitían la prolija pausa necesaria para aquel importante momento.
—Por supuesto que puedo atenderle ahora mismo
Cochina mentira, hubiera preferido colgarlo. Pero es lo que hay en la vida, sobre todo si tienes que compaginar cuerpo y alma, trabajo y crucifixión. Y mientras, pulsaba el botón con la máxima fuerza, con la terrible ambición del que buscar librarse del crudelísimo presidio aceptando así cortarse el pene (acaso como los toreros su coleta)
—Pues, dígame —Del telefonillo de la puerta partió solícita una voz.
—Quisiera ver al agente —esto lo dijo al micro del móvil y al darse cuenta de la confusión — … al agente literario… —esto último lo repitió al telefonillo y después continuó asistiendo a la voz que nacía de su móvil de trabajo.
Se hizo el silencio, fue una pausa muy larga, aunque el autor no pudo prestarla atención, puesto que seguía muy entretenido y azogado por el requerimiento del cliente.
—Ah… pues no está, no ha vuelto de comer. Inténtelo más tarde.
—¡Imposible! Había concertado una visita —dijo apesadumbrado, pero aquella voz no le respondió, y por contra le colgó el telefonillo.
Por la otra oreja la conversación con el cliente se alargaba y el autor se ponía por momentos más nervioso. Los sudores se dibujaban en su camisa a chorretones. Decidió entonces esperar a la puerta del edificio. No cabía duda, era un comercial nefasto. Y porque a él lo que le gustaba sobre todo aquella la caña de la escritura, aquel chute de creación y miseria.
La conversación con el cliente se complicaba por momentos. No llegaban a un acuerdo, y el señor cliente reclamaba no sé que aspectos sobre ciertos incumplimientos de contrato, cuando de repente imbuido por aquella conversación sintió una palma sobre su espalda para arrancarla del atontamiento. El autor giró la cabeza y allí, detrás suyo, vio una mujer bajita, con una sonrisa entre ridícula y socarrona que le señalaba la puerta insistentemente.
—¿Me permite joven?
Ágilmente le esquivó, sacó un manojo de llaves del bolso y entró al portal y así el autor tras de ella, casi a punto de pisar la falda listonada. Ambos fueron al ascensor, al fondo del pasillo, un vetusto aparato. Mientras esperaban, el tono de la conversación entre el comercial-autor y el cliente había comenzado a elevarse, a complicarse, se estaban perdiendo el respeto y el autor fruncía el ceño con enervamiento. Cedía terreno sin esperanzas de recuperarlo.
La puerta del ascensor se abrió y ambos (mujer y autor) entraron apelotonadamente. El autor pidió disculpas. Para entonces se le había caído la cartera en par de ocasiones y todos los originales habían rodado por el suelo, se doblaban y eran pisados por los cuatro pies. Quien haya subido en aquellos armatostes comprenderá cual es sobre todas las cosas la situación más embarazosa: quedarse encerrado en aquella caja metálica con un desconocido, y más si es una mujer y tú eres hombre. O al revés.
Cuando el ascensor se detuvo bruscamente entre el primer piso y la entreplanta ambos cayeron al suelo con desconcierto. Ella encima de él, de ser necesario un mayor detalle. Quizás el autor se apoyara en su trasero para recuperar el equilibrio, evidentemente este exceso había sido causado por el accidente no por ningún interés accesorio. Ella aún atontada recogió el móvil, se lo aproximó, todavía se oía el tris-tris de la conversación y el cliente iracundo clamando por su contrato y los incumplimientos.
—Su móvil
Y se lo pegó a la oreja alejándole lo más que pudo de sí con cara de asco.
El autor miró a la mujer, y quizás fuese el calor, la tensión, los gritos o la tontería del agente literario que lo esperaba presuntamente escaleras arriba, que tuvo la proclive estulticia de enamorarse unos momentos de ella. Y eran aquellos ojos negros, ojos voluptuosos, pero quién sabe si tal vez rogaran liberarse de aquel tipo que la mantenía presa contra el suelo del ascensor, pero los escritores son en parte poetas y también en parte púgiles. Que nunca violadores.
Como no dejaba de mirarle entre hipnotizado y semiaturdido ella le sacudió un sopapo (que afortunadamente le vino bien para despertarlo) y gracias a ello el móvil definitivamente retornó su camino sideral, aunque previamente se golpeó contra las paredes. Allí se desarmó en varios pedacitos, y el cliente y su conversación trascendente se esfumaron. El autor sudaba como un cerdo. Por suerte el fluido eléctrico retornó (aquellos cortes veraniegos eran unos puñeteros) y el ascensor suavemente se deslizó hasta su destino final. Justo a tiempos de haberse producido una agresión en primera regla entre los allí presentes.
La mujer abrió la puerta con prisa sin decir palabra, eso sí, murmurando una sarta de barbaridades, y le dio en las narices al autor que recogía los folios y los restos desperdigados de batería y carcasa de móvil. Salió corriendo y entró justo enfrente, en una puerta con un letrero grande, uno donde se leía “Agente Literario”. El autor no pudo verlo, se recompuso, pensó que aquella vida a tiempo parcial de escritorcillo le era insufrible, que daría todo por unas vacaciones, y repasó mentalmente su discurso y estrategia:
—Señora Paloma, soy su autor, no lo dude. Salgo del lodo para hacerla rica. Para que mis palabras le surtan de euros, que mis textos sirvan de trasunto y divertimento a niños y familiares, que mis relatos seduzcan, que pueda jubilarme de tanta estulticia atontecida. Nadie me conoce pero esto no es lo relevante; seré su negro escribano, escritor peregrino, apostata y remitente de libros, guiones o novelas por entregas a un mismo tiempo. Fabrico heroínas de plástico, dioses acolchado, paradigmáticos oficinistas. Tengo oficio de mendigo, no quiero ganar dinero, quisiera entregar mi corazón…
Y mientras repetía esta letanía llamaba a la puerta donde el agente literario le estaba esperando desde hacía unos momentos. Aquella mujer estaba de un humor de perros, había tenido que abandonar precipitadamente su comida y en el presuroso retorno a la oficina un estúpido se le había terminado arrojando encima en el ascensor, momentos antes.

[Ya sé que el siguiente poema de Benedetti no tiene nada que ver con el texto, lo mismo me da. ¡Chao compañero!¡Nos veremos allá o acá, con tus palabras, lo mismo da! ]

lunes, abril 13, 2009

Primavera en Ariadna


Hay primaveras de prestamo, primaveras de temporada, primaveras de supermercado, primaveras de crisis. Mi hijo nació en Abril y aunque siempre me gustó este mes, ahora más si cabe, lo adoraré por siempre.

Me pasaría el día entre los caminos mirando el horizonte.

Y no me lío con más palabras, que les invito a que lean el nuevo número de la revista Ariadna, compañeros de fatigas y creadores infatigables de poesía. Como no, glosan la gran "llegada" y temo que mi corazón se vuelque de un palpito. Yo me doy un paseo por allá, por su estación fresca de Primavera, que ésta sí es la genuina.


lunes, abril 06, 2009

Las aventuras del valeroso soldado Schwejk

He de confesar que fui uno de los últimos “agraciados” que hicieron la mili en España, lease, si alguien se acuerda aún, del antiguo "Servicio Militar Obligatorio". Eran mediados de los años 90, uno terminaba la carrera con el corazón henchido de ilusiones y muchas ganas de trabajar. El resto de amigos míos fueron objetores (honorable decisión la suya). Yo, pensando por aquel entonces que la pena sería más breve de esta guisa, asumí el castigo con resignación y le dediqué unos meses al país.

Y así fui soldado “raso” del Regimiento de Caballería Ligero Acorazado “Farnesio” (años más tarde conocí la historia y trasunto de dicha unidad, poderío y orgullo del Imperio de los Austrias), fúsil en ristre, acuartelado en una dependencias, custodias y rehenes, que, por cierto, se derrumbaban ante nuestros ojos.

Nunca amé lo castrense, y desde entonces lo amo bastante menos. Ya tengo mis razones. Aprendí muchas cosas, unas buenas, otras malas. Aprendí lo necesaria que era la profesionalización del cuerpo, aprendí el gran corazón que existía en muchos de aquellos militares, su tesón y ganar de trabajar, porque creían y de verdad en su oficio, pero también lo perverso y la negritud de otros, de intereses torticeros: no se daban cuenta que yo era un civil travestido que les observaba y tomaba buena nota, como ciudadano que soy, libre de opinión. Al final, que ellos están para servir al pueblo, no para defender “su” patria. Y algunos, y lo recalco, algunos, no se daban cuenta de este matiz.

Pero no quiero hablarles de mi, que eran otros tiempos, y quiero hablarles esta vez de un soldado especial: creo en la paz, creo en el entendimiento de los pueblos. No creo en la venganza ni en la muerte, ni en la ira.

Por eso he venido a hablarles del soldado Schawejk. Y les recomiendo el libro “Las aventuras del valeroso soldado Schwejk” del checo Jaroslav Hasek. Éste buen hombre tenía que elegir entre él o morir por un ideal fofo y hueco. Por un Estado que reprimía sin sentido a sus ciudadanos sin arbitrio. Por unos intereses que todos eludían con descaro y que no representaban sino los de una minoría. Fue un libro visionario, originado por una guerra (la Primera Guerra Mundial, antesala del horror del s.XX), pero de una actualidad asombrosa. Tan sólo lean la prensa estos días: Cumbre de la OTAN y Alianza de las Civilizaciones.

Schwejk confude magistralmente al lector pues raya lo tonto, es cómico y sagaz a un tiempo porque no es sino un sobreviviente histriónico del campo de minas. Cuando no entiendes qué sucede, cuando te persiguen para castigarte, cuando la pena es impredecible, los tontos o los ilusos, capaces de reirse de todo el mundo, incluidos de ellos mismos, sobreviven.

Buena lección. Que les guste.


Las aventuras del valeroso soldado Schwejk
Autor: Jaroslav Hasek.

miércoles, marzo 25, 2009

Largos Pasos

Lo escribí hace años y forma parte de mi cuento largo "Héroe Local". Siempre pensé que necesitaría una buena ranchera de acompañamiento. Pongan en marcha el vídeo y lean.




Primera Escena.

Estamos en la estación de trenes. La gente se despide y se besa. La tarde cae y puede dibujarse entre las sombras. Quizás el atardecer llegue por momentos, pero esto no lo sabemos tácitamente. Más trenes. Planos generales. Nos dejamos envolver por momentos en el ambiente tristón y desarrapado de la estación, es el murmullo de los viajeros, de los viejos y sus pipas de madera esperando no se sabe a quién en los bancos oxidados.
La cámara sortea a indecisos viajeros (nombres anónimos e indeterminados) y termina en primeros planos de una bolsa de viaje. Sube lentamente, y aparece nuestro protagonista.
De fondo escuchamos la ranchera. La ranchera nos presenta el interior de nuestro recién llegado, sus ropas un poco abandonadas (seguramente lleva varios días con ellas) y un sino ciertamente dramático que lo ha traído hacia nosotros. No habla con nadie, no espera, simplemente permanece con una cara que dice algo así como -Llegué.- Sin embargo el espectador no es capaz de comprender y sencillamente le parece misterioso. Por señas físicas nos parecerá ni excesivamente joven ni viejo, de media edad, alto y un poco distinguido, y cómo no, debe ser fotógrafo (la bolsa de viaje y la propia máquina que cuelga de su cuello nos lo descubre). Ahora sonríe. Parece como si estuviese escuchando el fondo musical, las exageradas expresiones del cantante.
Aún con la música de fondo, los primeros planos que han descrito físicamente al protagonista pasan a medios y más tarde a planos de conjunto. Ha cogido la maleta y camina despacio cruzando la vía. La cámara le sigue cada vez más de lejos, y casi al final desaparece entre alguna pareja que se despide melancólicamente. Ruido de algún tren que llega o marcha. Fundido a negro, mientras las primeras luces traen la noche a la ciudad.

Segunda escena.

La escena discurre en varios exteriores. En realidad esta escena y las posteriores vendrían a ser un reencuentro con la ciudad en la que creció nuestro protagonista. Por ejemplo, unas tomas nocturnas de calles en silencio y abandonadas. Ha cogido un taxi. Son planos subjetivos. Las plazas que pasan una y otra, seguramente alguna palabra con conductor, aunque en general hay silencio. Han llegado, y se detiene el vehículo frente a la que debiera ser la vieja casa de sus padres. Se queda quieto con todo el equipaje sobre la acera, deja marchar al taxi, mira lentamente, se dirige a llamar... la imagen se funde sin dejarnos apreciar ningún otro detalle más del momento.

Tercera escena.

La importancia de ser fotógrafo; la mirada del fotógrafo es una mirada forzada, ha perdido la ingenuidad, queda educada y sabe elegir precisamente sus objetivos. En las sucesivas escenas (parte nocturnas y diurnas) veremos deambular (cámara en mano) al protagonista. Se mezclan planos visuales en formato de vídeo y sus posteriores fotografías. También se nos enseñan otras más antiguas (peor tratadas) en color, mientras que él sólo las saca en la actualidad en blanco y negro. El tiempo no transcurre en vano, y tenemos recuerdos que nos dominan con sus colores dentro de nuestra realidad monocromática. Son calles y edificios ruinosos, el río, caras de trabajadores cansados, sus padres, talleres, chicas monas de las tiendas de barrio, policías y claro está, la ciudad que ahora le sobrevive, ignota, ajena a su historia. No existen apenas diálogos. Como dije antes domina el silencio, la no palabra. Quizás algún poema de libros olvidados que se encuentra en el desván o en su antiguo dormitorio.

Cuarta escena.

Bien podría ser la séptima o quedar intercalada entre otras. Estamos en un bar. Podría introducirse con un encuentro casual. He imaginado a nuestro protagonista paseando por la plaza de Santa Cruz llena de críos y familias paseando. Es una mañana de Domingo y todo el mundo puede ir a misa. Una chica con un bloc inmenso de dibujo sentada en un banco garabatea e intenta copiar la fachada.
Se encuentran y se saludan (se abrazan). Los planos son largos y generales y nos es imposible distinguir qué dicen. Es una conversación privada, inclusive a nosotros, los espectadores. Ella cierra contundentemente el bloc, le agarra del brazo, comenzando a hablar, la cámara desde lejos realiza un intento vano de seguirlos...
En un primer momento he pensado que la escena del bar tendría que ser cómica. Ella mantiene un diálogo (más bien un monólogo) donde recita los chismes que han sucedido estos últimos años. No para de hablar así que no bebe nada y el vaso permanece intacto. Por otro lado, nuestro protagonista permanece en silencio, mirándola, hipnótico.
Tenemos primeros planos de ella, sus ojos, sus manos, sus gestos un tanto nerviosos, su pelo. Su aspecto físico es atractivo aunque su actitud nos resulta levemente repulsiva, fundamentalmente por el trajín. La cámara salta de uno a otro. Planos detalle de ambos, sus oídos, el café que se toma el protagonista, su boca...
Se deben conocer (o debían de haberse conocido muy bien) y sobra la confianza. Finalmente, apenas le escucha, realmente poco importa cuánto le dice. Los planos entonces pasan a recorrer el bar, los otros clientes, y la voz de ella continúa machacante y agónica, un tanto aburrida. En cierto momento le hace callar y la detiene. Plano de ambos. La pregunta algo, aunque no somos capaces de entenderlo. En ese momento vuelve a sonar la ranchera, sus palabras.
Ahora sí, somos capaces de inmediato para comprender que le interroga acerca de aquella mujer, aquella cuyo recuerdo le obligó a regresar. Ella cambia su tono, se calla, se entristece, le sonríe pero su sonrisa en cambio no alberga esperanzas. Le acerca así la mano, y hace gestos negativos, se le acerca aún más y le besa la boca...
Pero la escena no termina justo con el beso. Éste se funde, casi en un primer plano con la música y reaparece en un plano de su dormitorio. La ranchera se retoma, a modo de despedida. Han estado haciendo el amor y ahora ella duerme en silencio, en posición fetal. Él permanece despierto, la mirada fija al techo y fumando. Tal como si estuviese escuchando durante todo el tiempo la canción...

viernes, febrero 27, 2009

Tempus Fugit Est

Así comienza mi última novela "Tempus Fugit Est", obra parida en busca de lectores o editores. Una colección de relatos que expía parte de mi reflexión sobre la felicidad humana y sus componentes dentro de la empresa “moderna”: los sueños y las aspiraciones, el éxito, el amor en sus diferentes vertientes, el fracaso, la muerte. Son pequeñas historias ficticias pero que siempre arrastran un poso de realidad, que remueven las entrañas del lector unas veces mediante una propuesta absurda que incita a la reflexión, otras por insinuaciones contagiadas de ironía o de humor, la más, a través de perfiles humanos que nos retan. Son largas horas las que dedicamos a nuestra vida profesional pero creo que muchas menos las que dedicamos a escarbar con interés en la pregunta: ¿Somos realmente felices en lo que hacemos?

Tiempo estimado de lectura: 10'

«Sed fugit interea, fugit inreparabile Tempus.» «El tiempo pasa irremisible, intensamente.» (Virgilio)

Los ingenios sobre el tiempo siempre han existido; fueron los dioses medievales, los constructos de los sabios quiromantes o las ensoñaciones de algunos matemáticos inefables del barroco europeo. Sentimos el tiempo como una odalisca fofa, un ave rapada que se contonea imitando una noria desmembrada; es la vejez que se torva oscura, que se rapa el vello de las axilas, que nos escupe y que nos engaña y nos acompaña por caminos equivocados hasta la muerte.
Peor sucede ahora cuando nuestra sociedad babea por el tiempo de los demás: y esto tiene nombre, lo llaman el capitalismo facilón del cronógrafo, de la agenda electrónica, del «possit», de las citas, del móvil ultracompacto que nos recuerda cuanto tenemos que hacer y que siempre hemos llegado tarde. Es la secretaria perpetua y automática que nos organiza la jornada, el remo de nuestra personal galera diaria, la que llama a nuestros clientes sin darnos cuenta e incluye los familiares y su revisión anual. «Tempus Fugit», tiempo en fuga, y tras él nuestra hirsuta felicidad, la de los mejores recuerdos adolescentes, la de los deseos irrealizados, son aquellos que embuchamos y que nos engordan en el comedor de empresa al recordarlos.
Erase que se era una sociedad anónima cuyo fin primero, su misión y visión eran ofrecer la felicidad a los terráqueos y en concreto a los habitantes de las grandes empresas, de las multinacionales. Y vendían que esta felicidad proporcionada debería corresponderse con la felicidad máxima, prudentemente personalizada para que sus clientes dispusieran de jugosos sueños: la capacidad infinita de dormir alguna hora más de madrugada, de mantener una segunda vida y quizás una ulterior oportunidad a la cual afanarse. Romper con la monotonía, el maquinismo del trabajo. Para conocer paisajes diferentes, para amar en tecnicolor y para morir por un ideal heroico y digno. Y nuestra organización tenía por singular nombre «Tempus Fugit» y con sabiduría hubo patentado un servicio en exclusiva que proporcionaría tal grado de bienestar y satisfacción: ofrecía a sus clientes empresariales «contadores de historias», cuentacuentos para organizaciones multinacionales, bufones disfrazados que se paseaban por las sedes y «headquarters» para animar así a los trabajadores cabizbajos, sobrecogidos por la incertidumbre de su responsabilidad. Todo esto, por supuesto, acompañado quizás por la dosis tecnológica precisa: cuentacuentos electrónicos por teléfono, DVD interactivos, canales de contenidos en la red, lo que fuera necesario para mejorar la «experiencia narrativa». Decía en su publicidad «créannos, que nos roban los sueños y nos hacen vivir a disgusto. Porque escasean sus trabajadores centrados y eficientes, nosotros les ayudamos a retenerlos, a recuperarlos y les pintamos sus sueños, aquellos que se les secaron, les construimos y envasamos aquellos que más les guste y necesiten.» Y luego mencionaban torticeramente a quien hiciera falta, siempre y cuando estuviese de moda, «porque se habla de la necesidad de construir nuestro sentido de vida», aunque por casualidad se les hubo olvidado mencionar que la felicidad tan sólo ocupaba un fragmento breve de nuestra libertad personal última. Aquella idea, la de contar historias también encerraba su doble intención. Guardaba consignas. Y los nuevos ensoñadores tergiversaban sus discursos mezclados con «product placement» y otras artimañas para incentivar un fiero «cross-selling», un arriesgado y taimado modelo de negocio. «Todo realmente innovador, todo muy cool»
Sus narradores por otro lado funcionaban a las mil maravillas. En nuestra sociedad de consumo esta empresa había discernido que contratando a un «pull» de escritorcillos frustrados y guionistas de segunda sería capaz de hacerse con la maquinaría atroz que ejecutará contenidos personalizados y bajo demanda. Siempre hay un san Martín a la medida de nuestra necesidades: para las azafatas, el vuelo en exclusiva acompañando a su actor favorito. A las teleoperadoras, un mes de silencio. A los poetas de los departamentos creativos, un atril y millones de lectores expectantes. A los solitarios financieros, una amante loca por los créditos revolver. De esta guisa buscaban ocupar las estrechas alacenas de nuestro tiempo vacante con emociones fabricadas, enlatadas y listas para el toque definitivo de «postponed emotion». Y ocupaban los corazones de dichos trabajadores para que no sintieran su propia infelicidad, latiendo con fuerza, sus canas y su calvicie agresiva, mezcla de estrés, mezcla de melancolía no diagnosticada a tiempo.
Imaginen: es el paisaje madrileño, los cuatro torreones del castillo que se yerguen sobretodo, el cristal y el asfalto, son pirámides con sus tumbas de faraones, que se ven desde cualquier lugar, desde la sierra, desde el río Jarama, desde San Martín de la Vega, son el punto atractor de nuestra mirada, camino y peregrinaje definitivo.
Imaginen: una gran cristalera de uno de estos mastodontes y el horizonte abierto, y las nieves que se enganchan en las cumbres y muchos metros abajo, la singular culebra de la N1. Una ligera neblina rezuma, el diablo que consigue alzarse sobre la contaminación metropolitana. Las mejores salas de presentaciones se localizan en los pisos superiores y su alquiler por horas cuesta una fortuna. Forradas de pizarra o mica, el cuero cruje y acaricia nuestros traseros. A pesar del lujo nadie quiere mirar la proyección, ni tomar las viandas de suculentos ibéricos acompañados de Pérez Pascuas, todos quieren arrojarse por las vidrieras y si tuvieran un catalejo buscarían su barrio, su casa, sus hijos marchando a la escuela. El lujo y la ostentación acompaña y atonta. Y a ultranza la altura parece hacernos un poco más dignos. Ésta es parte de la estrategia empresarial de «Tempus Fugit», conmocionar al cliente.
–Hemos diseñado nuestros contenidos cuidando fondo y forma, siempre sin ostentación ni ruido morfológico ni semántico. Evitando lugares comunes, «of course», arañando… –Este era Jaime Peñalver, el DC o Director Creativo, un pájaro de cuidado, ojos intensos, azules como la nieve, y pedazo de MFA de la Wharton Business School–…el interior, raspando los intestinos de sus empleados. Estos rellenan el formulario, todo muy simple y para el Consejo recogeremos las recomendaciones del «coacher» personal…
–¿Y habéis valorado los «adhoc meetings»? –Preguntó el directivo responsable del proyecto en la compañía cliente. Éste era un tipo más bien anodino, con voz arrastrada, visiblemente preocupado por cumplir en tiempo, que no en calidad, tal vez porque no entendía el sentido. No creía y lo disimulaba mal. Quizás por esto era el máximo responsable de las finanzas de la compañía, era un ser cuadriculado, era de los que decían que había que llegar uno mismo motivado al trabajo porque sino….era un fan del látigo y la orden perseguida, y así él cuidaba a sus muchachos del departamento. Y bien que le iba a su manera.
–Sí –Jaime Peñalver responde mientras consulta ciertas notas que hasta ese momento mantenía escondidas en su portafolios. Entona sugerentemente–:disfraces, siempre todo muy «casual», gente guapa, profesionales del teatro. No es un simple cuenta-cuentos a la puerta del edificio, no es un mero entretenimiento, es la catarsis misma –y enfatiza esta última palabra, pero lo bien cierto es que nadie en la reunión había leído a Sófocles, y se da cuenta de su error e interrumpe su discurso–… ¿más café?
Se levanta el responsable de la cuenta, se atornilla la sonrisa y sin quitar la mirada de la cristalera espeta:
–Claro, con los resultados del piloto les propondremos nuevos cambios, adaptaremos los objetivos a sus particulares necesidades, complementaremos el «media» y les ayudaremos en la comunicación interna. ¿Qué fechas...? –Siempre, siempre, las puñeteras fechas, más todavía si se quieren cumplir los objetivos de ingresos del semestre. Aquel cliente pagaba mucho, era un pez gordo, harían lo que fuera por fidelizarlo a martillazos, por adherirse a sus ricas ubres –¿…Qué fechas manejan para adjudicar el contrato?
Aquel responsable de la cuenta tenía un simple objetivo. Zamparse al cliente, volver a casa con un «sí» a cualquier precio, sus jefes han sido explícitos: «sus huevos o tu cabeza», y aunque no hacía falta ese lenguaje soez, él sabía que lo ejecutarían sin temblarles un ápice del peinado. Y aunque extremadamente «senior», tipo experimentado que paladeaba el miedo y la adrenalina, sentía como cualquier otro el tiempo fugaz, su tiempo, que se le resbalaba en la clepsidra, agotándose. Entonces mira a Peñalver y le hace una seña cómplice; es la hora de la infantería pesada. Aquel contrato los haría ricos, sólo había que mirar la cara de esos desgraciados. Sabía que estaban en sus manos. Hace un gesto y un panel se desliza y deja al descubierto una inmensa pantalla de plasma. Engola la voz, aquello lo ha practicado miles de veces. Lo sabe de memoria. Un toque de efecto y a los clientes se les cae las bragas, aquel video que van a proyectar impacta, conmueve, les hace volar.
–Señores, llámennos raros pero en «Tempus Fugit» todavía creemos en la literatura. Creemos en su capacidad de transformación, en la magia de las palabras. Vamos a enseñarles una cata de nuestra propuesta de textos para su piloto, pueden estudiarlo al completo en el «Customer Agreement» que les entrego. Nos han hablado de la situación de su empresa, de la crisis de su sector, del horrible fracaso que están experimentando sus lanzamientos. Su última encuesta de motivación revela datos alarmantes…
–Siga, todo eso lo sabemos. –Era el directivo de la empresa cliente que se impacientaba.
–…Creemos que no valen ni son efectivas las actividades tradicionales: convenciones y encuentros semestrales en hoteles, regalos, cursos sorpresa, mejoras de horarios, rotaciones… no, no, hay que llegar al fondo… tocar diana. Conmover el corazón de sus trabajadores, hacerles pensar en la cama por las noches sobre los orígenes de su amargura, descubrir qué deberían cambiar para ser más felices, y de paso llegar al trabajo a su hora. Ellos están ocho horas con Vds., les tienen secuestrados, en su terreno. Es el lugar propicio para…
Entonces la luz de la sala se desvanece. El directivo de la empresa cliente se recuesta en el sofá de cuero, bosteza levemente dispuesto a escuchar. Y es que tiene encima con este proyecto de motivación un severo problema y debe quitárselo cuanto antes. Salvo que sea un pestiño insoportable firmará aquel tonto piloto, pero eso se lo guarda por hoy, lo dejará desgranar, y se lo comunicará en un par de semanas; conseguirá cualquier ventaja adicional de pasta. Sabe que su empresa está debilitada, en retroceso sino en franca destrucción; si esto ayuda a alguien, tiempo tendrán de verlo.
O quizás no, quizás ya no les quede tiempo. Pero esto, por el momento nadie se lo imagina.




NOTA: He elegido este vídeo de Bob Dylan como "soundtrack" de mi libro.
Aquellos lectores de la novela sabrán entender las razones.

lunes, febrero 23, 2009

Babel

Confluían en Babel multitud de razas, idiomas y civilizaciones. La Torre, abandonada y en ruinas, se cimbreaba, mecida por los tiempos de Oriente y Occidente.

En Babel, únicamente los muy ancianos habían conocido la Lengua Única, bajo la cual fueron edificados los cimientos originales de la vieja Torre. Después, arrojada la furia de Yahvé, los trabajos de construcción divergieron por derroteros fantásticos: cada maestro edificó según su propio y original criterio, incapaz de entenderse con el resto de lenguas de los artesanos de la obra.

Y muy al contrario del resultado que las crónicas nos transmiten, la aparente confusión de estilos y mezclas técnicas dotó al precario conjunto de una belleza y equilibrio que ya nunca después podría encontrarse en posteriores arcadas y cruceros de las catedrales; además, aquel sin fin inimaginable de constructos, si rivalizaban en belleza y originalidad, no guardaban comparación con el resultado de la Torre en su conjunto.

En fin, que fueron buenos tiempos para la Torre y el ansia que ésta representaba. Los maestros arquitectos, canteros, carpinteros, artesanos, plasmaron libremente sus ideales y sueños en aquellas piedras, relevándose en aquel singular trabajo año tras año sin descanso. La Torre no podría ser terminada nunca (como no tiene fin la imaginación y creación del ser humano) y cada piso albergaba nuevas y más arriesgadas cavilaciones de sus creadores.

Muchos turistas, llegados de lontananza, admiraban la singular y bella construcción que se alzaba sobre las nubes hasta acariciar casi las barbas divinas. Quizás, acrecentada la furia de Yahvé por semejante dislate, (éste) deseó ocultar el espectáculo de la Torre a los mortales, y mandó así cubrirla con perennes borrascas y nieblas; aún así, el regocijo contemplativo de sus absolutas y singulares maravillas parecía no verse mermado en gran medida...

Y aunque los pisos se sucedieron los unos a los otros y los maestros continuaban aparentemente alzando la construcción sin tregua, la cada vez más dificultosa comunicación de los artesanos con los visitantes (para transmitir sus ideas) que observaban (impávidos) la elevada altura donde se trabajaba, unido a la oscuridad de las tormentas, poco a poco iría dificultando la admiración de los pisos superiores (que sin duda eran a todas luces los más perfectos y singulares. Quizás, por eso fue que, la gente, entretenida por los quehaceres cotidianos, se fue conformando con una idea baga y simple de los tesoros contenidos en la Torre. Y como fue que iban perdiéndose el interés por su mayor y nueva diversidad, fueron cada vez menor el número de constructores atraídos por la aventura esforzada de participar en la Torre y cada vez menos los espectadores dispuestos a indagar en sus maravillas: todos ellos se iban conformando con una idea rápida y superficial de la misma.

De la misma manera que la secuoya muerta no pierde todas sus hojas hasta bien transcurridas las centurias, la Torre mantuvo una lenta agonía. Nadie advirtió ni se preocupó de la paulatina escasez de nuevos artesanos y el postrero abandono de los proyectos más arriesgados. Y cuando un día finalmente se hubo cerrado la Torre, nadie se quejó, apenas se visitaba aquella parte de la ciudad: los pobladores de Babel ahora disfrutaban con alegres y sofisticados devaneos, puesto que a pesar de la gran diferencia de costumbres e idiomas, habían desarrollando la habilidad de comunicarse fácilmente mediante rudimentarios símbolos. Este nuevo y práctico Lenguaje había hecho innecesarias las Artes, si bien había permitido desarrollar ingentes nuevas ciencias, en especial aquellas asociadas al Comercio y la Guerra.

Así fue como se olvidó el afán constructor de los hombres y su interés para alcanzar los cielos. Los aviones y cohetes ahora sobrevuelan el firmamento, dejando la vieja Torre muy por debajo de ellos; también dicen que Yavhé ha quedado en algún lugar desconocido, muy por debajo de aquellos artefactos. Pero a nadie le preocupa esto en absoluto.

Mi texto, sin animo de competir competir con esta otra Babel, de Alejandro González Iñárritu.

jueves, febrero 19, 2009

La muerte en directo

Cuando la muerte me llame que me lo suplique en hinojos, que sea rápido e indoloro…Y en privado. Pero hay mucha gente que no piensa exactamente así, por ejemplo, Jade Goody. Pero esto ya lo había visto yo antes, que la idea es original de Taberner y su “Muerte en Directo”.
Saben, a vueltas con mi reflexión sobre los medios, que la chica se nos case en directo y exhiba su enfermedad terminal no me seduce ni me escandaliza. El otro día, mientras tomaba café y esperaba no sé qué, en la tele alguien tuvo la feliz idea de proyectar lo siguiente: habían atropellado un perro cruzando una autopista en el marasmo de la circulación, otro perrillo (¿su compañero, su amante?), se esforzaba por arrastrar el cadáver fuera de la calzada… al verlo, un escalofrío se instaló en mi corazón. Un animal exhibiendo un sentimiento tan profundo.. ¿tan humano? No quiero decir con esto que la pobre de Jade Goody sea una mal bestia, o una madre interesada (como dicen) que vende su intimidad para salvaguardar la prole tras su muerte. No lo sé. Hubo un tiempo que intelectualmente vendía este tipo de escándalo, el exceso, la contrapuesta, la pornografía social, eran los tiempos de Taberner (que por cierto, no supo tampoco explotar). Ahora todo esto huele a pan de circo. A hoja caída que se pudre y que pagamos por pisar. A pelea de perro.

Cuando nuestra privacidad se mensura y se le pone un PVP y se acepta su mercadeo, pues eso, es un producto más. Nada más. Eso tiene el valor que tiene. Otra cosa es el valor del que se agarra al asiento y pretende hacer de este entretenimiento su mejor calidad y modo de ocio para vivir. Valoremos cómo nos gusta divertirnos si no queremos terminar con las neuronas secas y refritas. Entonces quizás, este mercado será un mercado “vacío” (y a ver qué publicista lo esponsoriza entonces) al utilizar este botón del mando, aquel tan guapo y apenas gastado por nosotros donde se lee “OFF”.



«No digamos la palabra del canto,
cantemos. Alrededor de los huesos,
en los panteones, cantemos.
Al lado de los agonizantes,
de las parturientas, de los quebrados, de los presos,
de los trabajadores, cantemos.
Bailemos, bebamos, violemos.
Ronda del fuego, círculo de sombras,
con los brazos en alto, que la muerte llega.» (Sabines)

miércoles, febrero 18, 2009

Asesinato de la generación 2.0

Era evidente y por otro lado era esperable: Miguel Carcaño tenía su correspondiente perfil en tuenti; el asesino también compartía con Marta su “otra” afición, y eran las redes sociales. Lugar común, de encuentro y desencuentro de hoy día. En clave cínica, qué fácil es abrirse una cuenta en myspace, en facebook y ponerse manos a la obra. Arriba la farsa.

Los periodistas dicen que de todas las redes (mafia, droga, tráfico de influencia…), las sociales son las peores. Será por no hablar del tiempo. Y no se cansan de prejuzgar con amarillismo y se regocijan escupiendo viento en contra (el pis empapando sus ojos pero aún con eso siguen erre que erre). Claro, ahora que lo pienso, será que los programas de cotilleos, sus maniqueísmos mediáticos, sus manipulaciones de marionetas son mucho más sanos para los corazones adolescentes. Ahondan el espíritu y abren los pulmones como las friegas de “vis vapurus” de la madre. Después de una maratón pornográfica de cotilleo (la “Chonchi” mostrando sus tripas al cielo abierto) me están entrando unas ganas terribles de “invitarla” a ni red de contactos, quisiera conocer todo de ella, el tamaño de sus bragas, ser su máximo seguidor y perseguidor, el postrero y pertinaz fan en twitter. Claro, para mentes resecas la red es la noticia fácil (hemos rascado la misma neurona y debe estar bastante irritada) y como buenos españoles que somos, ¡venga la envidia por delante!: a joder.

Claro que Marta tenía a todos sus amigos enganchados al Messenger. Obligada estaba. Claro que allí se coció su tragedia. Cómo no.

Pero el poso es bien otro. La poltrona de la televisión no educa. Los mass media mediatizados esclavizan. Somos libres (lo creemos), pero leyendo de torcido en los periódicos, todo lo que sucede en la red es sucio o gris y peligroso. Señores padres, den carpetazo de cierre a sus ordenadores en los dormitorios ¡Conculquen la libertad a sus churumbeles!¡Qué sean presa de los medios mediocres! Apaguen sus portátiles o que sólo visiten los periódicos oficiales.

Otro día más sin encender la tele. Qué ilusión. Las noticias me llegan por móvil. Leo mi inmácula selección de blogs. Soy un desinformado total.

En mi ignorancia veo la luz.

Post Data: Marta, he visto tus ojos hermosos en los carteles aconcogojados, ahora pendulean por las paredes conmocionados y solos. Tu familia llora. Que el criminal sea castigado, caiga la ignominia sobre su nombre, hagamos una causa común, férrea y de hierro contra el maltratro. No más Martas, que tu crimen sea de línea de salida, de camino de llegada. Nunca más otro maltrato. Que tu cuerpo no lo coma el río, que torne a casa, que tu destino guarde un sentido.

miércoles, febrero 04, 2009

Los tiempos de Humboldt (IV)

Luego Humboltd decidió actuar de la siguiente forma: los reunió a todos y dijo que primero le llegaran los más valientes, y después, por orden preciso, serían recibidos los otros, los pusilánimes ¿Si tuvieras una espada mellada harías de ella un estandarte?, les preguntaba, y todos le sonreían, como si aquel acertijo escondiera otra ignota sorpresa.
Fuera, por turnos, el resto esperaba su justo proceso, la lluvia golpeaba los rostros, fumando, meando las paredes, algunos festejando la llegada del año chino; pero todos ellos desmochando su horror, espetando palabras de consuelo o dolor o advertencia.

martes, enero 20, 2009

Las lágrimas de Marina

Marina decía que aquello era una “bomba de tiempo”. Y mientras nos lo contaba, su mirada se resquebrajaba un poquito más. Se nos hundía entre los dedos. Porque Marina es un león, un fiero gato que había abandonado Chile engañada por las circunstancias y sentía morirse poco a poco en Madrid. Todos le habían mentido. Decía que las cosas se las pintaron de colorines, no tal cual son en la realidad: el dinero no manaba del banco, todos son gastos y su familia se desparramaba partida por el océano.
Cuando perdemos las raíces somos hombres de paja. Su marido marcha a la construcción a la costa mediterránea, se ven cada dos semanas. Sus hijas juegan una adolescencia desbocada en un país ajeno. Su anciana madre reclama su retorno cada fin de semana por teléfono. Marina se siente traicionada. Éste no era su sueño. Los emigrantes son engañados, son el eslabón débil, el esclavo de hielo, son el batallón que toma las trincheras del Armagedón a trasfigurar de nuestro tiempo horroroso.
Las lágrimas de Marina saben a lágrimas porque lo son y porque golpean el suelo con un tic-tic parecido a la lluvia. Son tan pálidas y tan solidas.

viernes, enero 16, 2009

Los tiempos de Humboldt (III)

Era Humboldt un corazón endiablado, un tirano del cieno, de la noche. Un corazón de balsa. Los tiempos de Humboldt arrastrarían cadáveres y salvajes barbarismos. Había llegado de la nada, pero entre sus uñas la sangre se le resbalaba, era torpe esperar mejores esperanzas que no fuera participar de una carnicería de lobos.

Era todo un salvaje.

miércoles, enero 14, 2009

Los tiempos de Humboldt (II)

Humboldt miraba subido a la azotea del torreón. A sus pies una llanura. A sus pies cabezas que se contorneaban, iban y venían ocupadas. Había subido las mil y una escaleras. La mañana despuntaba.

Sabía que éllos lo sabían. Por el momento le era suficiente.

Los tiempos de Humboldt (I)

De repente llegó el día. Allí fuera nevaba, hacía un viento gélido, era una capa tras otra de hielo acumulado, tipo pastel milhojas con láminas de crema pastelera, las más de nata. Los viejos del lugar se apaleaban por recordar tiempos pretéritos, tiempos como aquel que se acaecía de inmediatoy buscaban tiempos antiguos, pero sus mentes se resbalaban por los años pretéritos, inermes por las estaciones que caducas habían caídos por los suelos y ahora eran hojas muertas.

Había llegado los nuevos tiempos de Humboldt.

miércoles, diciembre 17, 2008

«La Regenta»

Hace unos días mantuve una charleta sobre la calidad de los contenidos. Nadie lee a nuestros tostones clásicos porque aburren y no aportan, se decía. Quizás yo opine otra cosa.

Dicen de «La Regenta» que es un libro ufano de viejos, un mar de palabras vanas, un vacuo entretenimiento decimonónico y truculento, un relajo de los siglos lentos, algo obsoleto como cuando comparas tu móvil con el de hace seis años y te preguntas cómo pudiste soportarlo tanto tiempo, qué pesado era y aquella antena larga que siempre te molestaba. Nadie lee ahora «La Regenta» salvo en los monasterios de los ingenuos, salvo en las aduanas no transitadas entre montañas, o quizás en el metro mientras te transportas por su línea más larga de un extremo a otro, o si debes esperar la cola del INEM sin esperanza, porque eres un apátrida acostumbrado a lo feo, a lo inútil.
A qué demonios sabe la literatura si apilamos los libros y las estanterías se comban con su peso. Si Clarín fue un mamón que no supo hablar de códigos indescifrables, que no supo colar de rondón ninguna penetración salvaje, que no dulcificó la timorata maldad de las cosas, que no hizo cabriolas para entretenernos y darnos relajo, que no abrevió y escribió sus dos pesados tomos, que no utilizó siglas de SMS.
Cosas aparte, tampoco Clarín leyó a Harry Potter, y, oh, qué sorpresa, no le dio por la novela histórica, ni siquiera practicó el género de guerras ni el folletinesco. Y todo para qué: me pregunto qué valor tuvo tamaña excreción. Propongo se nos apilen en singular fogata todos sus ejemplares publicados y que sean condenados sus tenedores a cruel castigo: quema o lectura, y que ellos elijan. Cuando no quede ni un solo ejemplar llamaremos entonces al espíritu de Clarín, el espíritu que nos restituya del horrendo castigo de sus palabras. Porque es cierto señores, «La Regenta» es un libro envenenado, una fornida noche perpetua: afortunados sus no lectores, aquellos vapores serán no probados y el sopor no contaminará vuestra sangre y seréis prósperos y audaces, que llenaréis vuestros corazones de pistraje de Noche Nueva.

Desprecio

El pasado día 25 de noviembre fue el Día de la No Violencia Contra la Mujer.

El Otero, permanentemente desactualizado, obra en construcción viva, les invita ahora a que detengan el motor de sus vidas, y donen varios minutos a dicha "causa", reflexionen un instante para después seguir con su camino. Que les guste.

De casi todos sus desprecios ella prefería los más taimados porque eran los que más necesitaba, los que más le dolían, los que más la precipitaban al abismo. Había intentado de todo: ser su cómplice, su amante, acendrada ama de casa, jornalera del hogar sin horarios. Sierva y señora. Nada había sido suficiente para apagar aquel pozo húmedo. Porque él se lo había dicho desde un principio, «conmigo tendrás a tu mejor amigo o a tu peor enemigo». Parecía un trabalenguas pero fue ciertamente un acertijo tramposo, nunca adivinó que sería fundamentalmente lo segundo, sería su verdugo, y que las bofetadas nunca dolerían tanto hasta verse finalmente sola como una perra a sus sesenta años, sabiendo que algo se le había perdido para siempre.
Él no supo dar amor y ya no era lo importante. No le odiaba por eso. Estaba cansada. Se despreciaba a sí misma. Era un papel roído, un payaso vapuleado, un excremento solido carente de sentido. ¿Qué le hicieron mantenerse con vida? Veamos: sus dos hijos. El perro. Su madre. Nada más.
Pero todo esto le sabía a obligaciones asfixiadas, a un ir y devenir caduco, más ahora porque ellos dos habían crecido y no la necesitaban en su vuelo, el perro era un cabrón egoísta y su madre había muerto hacía mucho tiempo. Nada más que eso. Había decidido ponerse una visera de burro y tirar con todas sus fuerzas, sola, muy sola, tan sola como su alma le permitiera aquella singladura, era su camino, pero ahora todo había terminado sin previo aviso.
De todos los desprecios hubo un tiempo que llevó su justa cuenta. Hubo un momento que el dolor físico fue soportable porque tenía fin en sí mismo. Fue como el insomnio para los sonámbulos, el patíbulo de los ahorcados, el arma homicida que llevara siempre a rastras, que parece que no te pesa pero que te hiere, y deja una huella absurda, senil, un brazo cercenado por el que pierdes sangre pero no mueres.
Él la golpeaba y luego volvía a hurtadillas a la cama para pedirle perdón, lloraba, se arrastraba, se retorcía simulando ser un león herido. Juraba que no volvería a hacerlo jamás: y le besaba. Todo mentira, todo pose. La torpe justificación del macho, del bruto que no ve sino huesos, piel y carne a quien hollar. Y cuando todo sucede sin que sepas que tú NO ERES EL CULPABLE, y cuando nadie te dice, «ABANDONA A ESTE ANIMAL, vete, déjalo, que se pudra en su miseria», y te enseñan que la servil posición debe ser tolerada, te sientes acorralada, te sientes presa de tu pánico, de unas ganas infinitas de arrojarte por la ventana. Y no pudo ser, la vida se le pasó de largo, le atropelló sin excusas.
Esta fue mi abuela y aquel era el que decía llamarse mi abuelo. A veces me pregunto por cual clase de amor fuimos traídos, otras muchas me sorprendo imaginando aquellos desprecios, porque en un tiempo fueron carne y pan de todos los días y todas las mujeres. Hoy, cuando visito a mi abuela, postrada en la silla, y veo en sus ojos el calor pesado de los años, me doy cuenta del sabor de los sacrificios, de la necedad de los valores apergaminados, de su mano destrozada por la artrosis, huesuda y deforme, que me acaricia, casi como cuando yo era un bebé desnudo y me invita a que nada de esto me suceda.

jueves, noviembre 06, 2008

OBAMA REX

El imperio tiene un nombre nuevo y éste se llama Obama. Es negro, pero por hoy su tez se nos clarea:

-Tengo un sueño - le susurran-, habrá un día en que crucemos las calles todos iguales, y el cielo se retrate bajo un firmamento de soles y estrellas.

Hoy el imperio nos sabe a desfiles, a banderas barradas, a masas que se apelotonan para darle la mano, a embajadores que relamen en sus discursos, a perros que se mudan de acera y envían misivas de despedida, a viejos enemigos que se entrevistan en privado.

Y Obama dice: yes, we can. Y millones de libertos alzan sus brazos, porque siempre nace un tiempo cuando otro se nos acaba (¿y qué dices a esto fiero Fukuyama?). Hubo un tiempo de esclavos negros, pero esa es otra historia. Clinton dijo de sí, que él había sido el primer Presidente negro, y que se había teñido de brea su rostro y su rostro cómico nos recordaba a los primeros fotogramas del “The Jazz Singer”.

-Tengo un sueño -le susurran-, veo una América libre, veo un anuncio en tecnicolor de United Colors of Benetton, veo los amantes de la codorniz abrazados bajo la farsa de la cópula y de la democracia.

Si me encuentran, quiero que lo hagan con Obama. Quiero morir junto a su tumba. Ya sé que es un treta tonta, que su voz me seduce como a las putas en la Castellana, que es un actor de lo falso, que conduce ruinas y lleva la tristeza del capital atada: que es un político.

Pero, ah, sé que necesito soñar por instantes. Creer que detrás de esto yace un prestidigitador honesto. Que el imperio manda a sus huestes con tiento, que mañana habrá nieve y no barro, que los idus de marzo no sobrevienen envenenados.

Que hemos dado un paso para atravesar aquel límite.

martes, octubre 28, 2008

Boots Of Spanish Leather (BOD DYLAN)



Marcho lejos mi amor
marcho lejos de mañana
¿Hay algo que pueda enviarte a través del mar
desde el lugar al cual voy?


No, no hay nada que puedas enviarme mi amor
no hay nada que desea poseer
y tan sólo que te cuides y que regreses intacto
a través del océano solitario.

Sí, pero yo pensaba que podrías querer algo delicado
Una joya hecha de plata, tal vez de oro,
quizá de las montañas de Madrid
o quizás de la costa de Barcelona.


Tal vez si pudiera poseer todas las estrellas de la más oscura noche
y los diamantes del océano más profundo
los cambiaría por tu un único beso
porque sobre todo es lo que más deseo.

Podría estar fuera por mucho tiempo
y por eso te lo estoy pidiendo.
¿Hay algo que pueda enviarte para que me recuerdes
y hacer mi ausencia más llevadera?


Cómo puedes pedírmelo de nuevo,
tan sólo me arrancas las tristezas.
La misma cosa que quiero de ti hoy,
la querré por siempre mañana.

Y me llega su carta un día lejano
Habla de la marcha
Dice que no sabe cuándo podrá volver
Que depende de cómo se sienta.

Y bien, si tú, mi amor, piensas así
estoy seguro que tu pensamiento se evade
y estoy seguro que tu corazón ya no está conmigo
sino con el país al cual marchaste.

Entonces ten cuidado, ten cuidado del viento del oeste,
ten cuidado del viento tormentoso.
Y sí, hay algo que puedes traerme de vuelta a casa,
Unas botas españolas, unas botas españolas de cuero.


Oh, I'm sailin' away my own true love,
I'm sailin' away in the morning.
Is there something I can send you from across the sea,
From the place that I'll be landing?


No, there's nothin' you can send me, my own true love,
There's nothin' I wish to be ownin'.
Just carry yourself back to me unspoiled,
From across that lonesome ocean.

Oh, but I just thought you might want something fine
Made of silver or of golden,
Either from the mountains of Madrid
Or from the coast of Barcelona.

Oh, but if I had the stars from the darkest night
And the diamonds from the deepest ocean,
I'd forsake them all for your sweet kiss,
For that's all I'm wishin' to be ownin'.

That I might be gone a long time
And it's only that I'm askin',
Is there something I can send you to remember me by,
To make your time more easy passin'.

Oh, how can, how can you ask me again,
It only brings me sorrow.
The same thing I want from you today,
I would want again tomorrow.

I got a letter on a lonesome day,
It was from her ship a-sailin',
Saying I don't know when I'll be comin' back again,
It depends on how I'm a-feelin'.

Well, if you, my love, must think that-a-way,
I'm sure your mind is roamin'.
I'm sure your heart is not with me,
But with the country to where you're goin'.

So take heed, take heed of the western wind,
Take heed of the stormy weather.
And yes, there's something you can send back to me,
Spanish boots of Spanish leather.

Copyright ©1963; renewed 1991 Special Rider Music




jueves, octubre 23, 2008

Los huesos de Lorca

Pero también fueron los huesos de Mozart. Y los de Pericles. Era el arte y era la libertad pisoteada. Era la madrugada tormentosa y ceñuda.
Y todos fueron arrebatados por el odio, fueron secuestrados, ametrallados, sepultados de por vida. Me pregunto qué pensaría Lorca al verse morir, qué pensaría su compañero de fosa. Me pregunto qué se ganó aquel día disparándolos, pero también me pregunto qué ganaremos ahora con todo esto a vueltas. Que no sea la criminal venganza.
Ponemos en hilera aquellos huesos, los transportamos en cofres, recordamos su pérdida. Hay quien escribe libros y jurisprudencia sesuda, a mí tan sólo se me ocurre esto: haya paz con los muertos. Un pueblo debe guardar la memoria precisa. Pero esta no se escribe en lápidas a la puerta de las iglesias, no se deletrea en panteones construidos ad hoc, no se persigue en juicios sumarios. Haya perdón, mis muertos caminan conmigo. Sus huesos sean la ceniza del camino. Que la memoria sea la vergüenza de habernos matado siendo todos hermanos.
Pero sepamos que Lorca no murió en balde. Digamos que hubo un tiempo de furia y que los nuevos que vengan aprenderán a ser una piña, y que las ideas son fuerza, pero deben ser sobretodo libres. Busquemos razones de convivencia. De lo contrario, muchos brazos se levantaran de sus fosas, son cadáveres doblemente entregados, doblemente fusilados, por los que fueron y por los que son ahora.



Noticia asociada: Garzón autoriza la apertura de 19 fosas, entre ellas la de Lorca

martes, octubre 14, 2008

Instrucciones para descorchar una FELICIDAD



Instrucciones para descorchar una FELICIDAD: busque la excusa, cualquiera vale, no por divina o humana que le parezca la rechace; Detenga allí sus preocupaciones. Lance albures. Busque la precisa compañía; Desentierre anhelos. Entrecruce promesas. Regale tiempo. Pero no sea tentado por exclamaciones luengas. Y deje, pues, actuar al silencio: sabe expiar en felicidad lo que antes supo a reposo.

El anterior texto se presenta al
II concurso de microrelatos Martín Berdugo. Si disponéis de otros 60 vocablos os recomiendo participar. Objetivo: describir la palabra "felicidad", el premio: vuestro relato en 30.000 botellas de la bodega. ¿Tentador, verdad?

martes, septiembre 30, 2008

Los trashumantes



Mi pueblo no tiene nombre y apenas memoria. En mitad del llano castellano, en mitad de la nada, del cereal, a la sombra de un cerrillo se desploman las casas de adobe. Ya nadie vive allí salvo los viejos con sus recuerdos. Nunca fue un pueblo prospero y nunca jamás lo será. Su breve historia cabría en una cuartilla doblada, en una decena de párrafos. Historias de las cuatro carreteras que lo cruzan con su bifurcación chica y sus caminos de tierra que se pierden en lontananza, en dirección al páramo. No hay arroyuelo ni vega cerca y la sequedad se apodera, momifica los años, encadenados en un sinfín de malas cosechas y miserias breves y anónimas que se comparten con dignidad. Así somos los castellanos, directos y despejados como los cielos que se desploman en el horizonte, acostumbrados al silencio que te hiere los tuétanos, a los calores que te agostan y al frío que anida en los témpanos del invierno. Hombres rudos de extremos que sin embargo saben permanecer a la intemperie y escuchar.
En mi pueblo las horas se aplastan en los atardeceres y es costumbre salir a la carretera principal que nos comunica para ver caer el sol. Como ya ni tan siquiera hay un bar, éste es el lugar común de encuentro, y así todos transitan de arriba abajo y se saludan y comentan sus cosas. Pero también era antes la cañada para los trashumantes. Varias veces al año pasaban los grandes rebaños de ovejas y sus pastores camino de la Extremadura. Solían hacer parada en algún establo cedido gentilmente por los lugareños. Si rebusco en mi memoria quizás aún los recuerde, a los pastores, hombres rudos de piel fosca, agrietada por los soles que hasta a nosotros mismos nos parecían fieros e intratables. Eran hombres solitarios aunque que seguramente escondían mil y una amarguras. Siempre iban acompañados de sus mastines, animales grandullones y poderosos, pero que lamían sus botas como si fueran gentiles perrillos de compañía. Y para el pueblo aquellos pastores eran toda una atracción viviente, puesto que aunque no traían nuevas de la ciudad sí portaban consigo otras, hechos sobrecogedores y rarezas que sucedían tierras adentro, en la soledad de los campos, en lugares donde nadie vive, en los confines mismos de ninguna parte. La gente los visitaba con gentileza durante sus estancias en nuestro pueblo y guarda respeto, esperaba con paciencia que se arrancaran con alguna de aquellas singulares narraciones, ecos míticos de la Castilla más profunda. Mi familia me contó lo siguiente, un suceso repetido con bastante asiduidad por los pastores, y que siempre relataban como hecho verídico y frecuente entre ellos, pero sin precisar nunca a quién en concreto había sucedido ni cuándo:
Es dicho común entre los trashumantes recibir visitas inesperadas de desconocidos mientras se pernocta a la intemperie, en mitad de los secarrales. Lo mejor es nunca preguntar mucho y acoger así a los visitantes al fuego del hogar y compartir la cena. De lo más profundo de la negrura, mientras se permanece acurrucado al calor de la hoguera, una voz llama y una figura emerge de entre las tinieblas y pide cobijo y amparo para pasar allí la noche. El pastor alza el cayado y señala una piedra próxima para descansar mientras aviva las brasas en señal de hospitalidad. Aquellos hombres se envuelven entre mantas y esconden su rostros a los resplandores de la hoguera, esperando que llegue la madrugada y el rocío. Hablan poco y se miran lo justo. Tal vez comenten las últimas lluvias, el estado del ganado, lo avanzado del verano o el invierno, nada relevante. No se pregunta a dónde van o de dónde se viene. Aquellos visitantes no son pastores pues no van acompañados de ganado, ni tan siquiera son buhoneros o tratantes puesto que éstos suelen transitar por los caminos y parar en fondas, y aquellos extraños visitantes parecen viajar a pie y sin mercancía o caballería aparente. No portan aperos, y únicamente explican que son almas en tránsito en busca de un hogar y un breve descanso por aquella noche. Algunos creen reconocer en sus ropas los restos de uniformes raídos de ejércitos de antaño, otros especulan sobre heridas desdibujadas en sus manos o tajos que recorren su cara y la parten en pedazos. Los más parecen vestir viejos ropajes de recuerdo suntuoso o inclusive se cree reconocer en algunos trazas de sotana, mantos de clérigo. Mis padres recuerdan en especial a cierto pastor por su historia, el más brutal, silencioso y hosco que visitara nuestro pueblo, y que se arrancó entonces en llantos al relatar su singular encuentro: está vez había sido un niño, un niño de apenas diez años que se le apareció. El pastor preguntó por su familia, y el niño dijo entre gemidos que les había perdido varios días atrás por las nieblas. Que les buscaba. El pastor le preguntó si conocía alguna oración, y rezaron entonces un Padre Nuestro. Le consoló y prometió ayuda en cuanto despuntará el alba. Recordaba que al día siguiente al despertar el chaval desaparecería de la misma forma que lo hacían el resto, sin dejar rastro, aprovechando algún arranque de sueño del pastor en la madrugada. No supo jamás nada más de él. Preguntó en la aldea cercana y únicamente pudieron darte señas vagas y tan sólo después de insistir entre temores señalaron al quicio de las puertas, mencionando al diablo. Aquel hombre nunca pudo creer que aquel inocente fuera la sombre de un muerto.
Sean lo que fuesen, aquellas visitas constituían muchas veces los únicos compañeros de los trashumantes en los meses de tránsito de los montes a la meseta. Eran encuentros furtivos que se relataban entre mezcla de temor, respeto, inclusive orgullo. Ahora que los trashumantes transportan sus rebaños por las autopistas y hacen su ruta entre pueblos sin detenerse, nadie se queda ya en los llanos a pasar las noches. Quizás sea por esto que ahora siempre me pregunto qué será de todos aquellos desconocidos. Imagino que vagarán en la oscuridad o por los fríos en busca de aquellos antiguos pastores. O quizás, con los nuevos tiempos, su razón carezca de sentido y hayan decidido abandonar la pena que los detenía para avanzar en su ignoto camino por destino. Y así dejar los campos de Castilla definitivamente solos.

viernes, septiembre 26, 2008

Mi afonía

Me preguntaba un amigo qué pasaría si pasáramos una temporada callados, o en silla de ruedas, o cerrando los ojos, etc. Para probar, simplemente para probar. Es estúpido, pero vivimos dando por supuesto que tenemos cosas que no valen nada y que permanecen allí, apegadas a nosotros, y que es imposible desprenderse de ellas porque nunca nos fallaron hasta ahora. Y son nuestras herramientas para tantear el entorno, son nuestros palos de guía, nuestras calzas y nuestro chubasquero.
En mi caso era mi voz, y digo que era porque estoy descubriendo cuántas cosas cambian si te quedas sin ella: llevo casi tres meses mudito. Sin palabras hacia fuera aunque muchas dentro de mí. Los médicos dicen que no me asuste porque todas las enfermedades tienen su fin. Que ahora soy un «paciente» y mi impaciencia es como una losa, un impedimento gravoso y lastimero que frena la sanación. Y me callo y así la gente me augura una pronta mejoría.
Yo sé que todo esto pasará pero mi mochila no quedará vacía de este viaje. Ahora sé que sucede cuando eres mudo o sordo; justamente el otro día, en el parque, nos encontramos con un chiquito de aproximadamente cinco años. Tenía algún tipo de problema que un artefacto en su oídos intentaba corregir o tal vez aliviar. Estuvo jugando con nuestro bebé. El chaval se mostró sensible como creo que no había visto en ningún chico de su edad. Se comunicaba con signos, con algún sonido, pero poco más. Y de su interior emanaba un terrible esfuerzo por llegar a nosotros, y un arrojo por vivir que hacía tiempo que no veía.
Estos son mis pequeños héroes de los que tomo nota. Hacen mi silencio llevadero, me obligan a escuchar, otro ejercicio que no práctico con asiduidad, me obligan a distanciarme, a sentarme en un lado y esperar a que amanezca.

martes, abril 15, 2008

Tu sonrisa



Marina regenta un puesto de helados. Es chilena (como Violeta Parra). Es una mujer vital, fuerte y emprendedora. Tiene la palabra franca y dos brazos para trabajar con fuerza y orgullo. Y sueños. Muchos sueños, sueños para arrancarse un palmo del suelo, para construir. Para tirar como un buey, fuerte y seguro.

Pero Marina es también una maga. Maga porque ha sabido concentrar en sus palabras todo un sabio sortilegio y ha hecho de tu sonrisa un talismán seguro para nuestro futuro. Porque tiene tu sonrisa de bebé un sabor a primavera, a rama verde, a fuerza centrípeta, a camino por desgranar. Y te cojo ahora en brazos y tú me palmoteas la espaldas y me besas o me baboseas y te arrancas raudo a gatas. Y me hablas con palabras que yo no conozco aunque comprendo a veces. Siempre sonríes como la luz del sol, como un olivo que hubiera germinado ayer mismo. Marina dijo que tras su vuelta de Chile, con la pesadilla del jet-lag y la tristeza de la familia que dejaron allá, sus tres niñas le dijeron que necesitaban verte, aunque fuera por un leve instante, por un momento. Porque los bebés dan suerte, y dan amor y más cuando tienen una sonrisa como la tuya: una sonrisa capaz de cambiarlo todo.

Eso nos contó ayer mismo, era media tarde, las familias paseaban y ella había recién inaugurado su puesto de helados. Ahora es solo suyo y son mejores tiempos para su familia. Y mientras nos decía esto y nos imaginábamos a las niñas pidiendo verte, tú allí mismo le sonreías, era extraño, sabía que le comprendías perfectamente aunque tan solo fueras un bebé de apenas un año.

Y de repente todo cabía en su lugar y las cosas permanecían en un equilibrio hermoso. Porque si somos lo que antes fuimos y construimos, tú serás la semilla de tu sonrisa, tú serás el árbol que nazca de ella.

jueves, abril 10, 2008

Sobre la reestructuración empresarial

Son tiempos jodidos para la lechuza, mi pequeño mundo empresarial está siendo sometido a un vaivén profundo. Escribo algo para animarme, luego escucho a Bod Dylan. Ahora me siento mejor. Que lo disfruten.



De la reestructuración empresarial hemos obtenido el sueño heredado del cieno, el asfalto o el barro que se devora, el pie que pesa más que mide, el vacío, el hierro fofo o el catafalco de fin de semana. El poeta como ídolo maldito, un ave fénix que sin embargo nació tullida. Señores, el mundo de la empresa nos vomita, como los chulos de las esquinas a sus rameras, nos chuta las meninges operadas, es un ruido sordo, una ocupación que se entretiene y nos conduce a la cárcel, un vicio aquiescente, un dosel de tálamo contrahecho, un ardid de buhonero torvo, de Circe o Medusa, de Ulises torturado. Es la felación máxima, esto es, peor que levantarse pronto por el coito propio de la factoría, de los números, del amor sin tregua ni plaza, del viento fracturado de los clientes que se engañan con vehemencia. Me siento un muñecote, una figura de plástico vomitada, un pétreo aroma de tugurio, la lechuza parda contrahecha.

Dicen que nosotros trabajamos por dinero. Yo no, que yo lo hago únicamente por vicio, soy una puta malquerida, un Quijote descerebrado que atiende a su negociado sin cortapisas. En la cúpula del poder, bajen cien peldaños, tuerzan a la tercera, hablen con el bedel y yo estaré detrás suyo, espiándoles para siempre, exigente escriba luctuoso, certera madame del lupanar, prospero auspiciador de la vehemencia laxa e impotente.

Lo práctico de la ley: el movimiento se contrarresta y saldremos para llegar al mismo lugar. Alguien decía por aquí, "le cambiaron para seguir haciendo siempre lo mismo". Yo recojo mis útiles (un círculo de “O” de canuto negro). Pero como no tengo otras herramientas ni me las dan, replicaré la carátula allí donde quieran que me embarque, haré lo mismo, mismo gesto, mismas palabras. El poder es férreo, aunque lo es más la burocracia, la inercia, el tándem donde yo ya no pedalearé jamás. Miren esta cara gris, afeitada, hirsuto material el mío, pandilla de lobeznos adocenados, diminuta hormiga, obrero de pirámide, diez toneladas de polvo y lodo para descansar con la doncella prometida, aquella de barba y voz cavernosa que se maquilla, el ósculo ventilado, el centurión de espada ametrallada. Joder, que serán cien reestructuraciones para descubrir que todo ha servido para nada, o que mi vida ha sido un entretenimiento parco de nombres, candencias y dependencias.

Hermanos, os insto a que os levantéis, elevéis el grito para decir no, basta de estulticias, de tanta autoridad dirimida, de tanto trasiego y confusión improcedente, de tanta reestructuración apelmazada, de tanto organigrama malquerido, son novelas y caballerías que leemos para secarnos los sesos entre todos.

Pero sabed que soy un cobarde. Que finalmente no haré nada. Hoy me iré a casa y puede que de camino alguna lágrima caiga y el resto se me seque en los ojos.

domingo, marzo 16, 2008

Imagine



Pero presten atención a la última mirada del vídeo, un instante antes de su fin, en el silencio, con aquellos pajaritos de fondo. Era Lennon despidiéndose. Era su deseo para antes de marchar lejos, era su capital contribución al desaliño humano.
Yoko y Lennon pasean para alcanzar el mundo mágico de la utopía de las palabras, el no lugar a donde nadie ya acude, el caserón tan albo como la muerte, y es también aquel piano que ha crecido en nuestras cabezas, porque fueron los años 80, inaugurados con el cadáver caliente del músico. Hay canciones bellas y otras que nunca nos pertenecen y ésta es una de las últimas, porque Lennon se llevó su espíritu a la tumba y desde entonces todos nos sentimos humillados al escuchar “Imagine” y saber lo lejos que estamos de su sueño. Yoko pierde la mirada, parece una virgen entretejida y yo siempre he pensado que el tiempo se nos quiebra, y que esta canción hizo torcerse los goznes, y que por segundos hubo algún arresto de fuerzas para retomar nuestro camino de bien.
Desde entonces no creo en los cantos a la paz, y sí en el marketing que confabula a los titiriteros, y yo quisiera colgarme un escapulario con la virginal Yoko, aunque siempre llegará el silencio, fíjense, justo al final del vídeo, donde no me puedo quitar de encima el rostro de Lennon que ha dejado de mirar a cámara y lo tuerce y justo entonces, sólo entonces, la virgen le sonríe.

sábado, febrero 09, 2008

Romeo Had Juliette



Cogido por las perversas estrellas
y las líneas rectas del imperfecto mapa
que trajo Colón a N.Y.,
ni del este o del oeste
él la visitó vestido con su chaleco todo de cuero
y la tierra que chillaba, se estremecía hasta detenerse,
él, con su crucifijo de diamante en la oreja
ese que le ayudaba a conjurar el miedo
él, que había dejado su alma en el coche de alquiler de cualquiera,
dentro de sus pantalones escondía un trapo
para limpiar el desastre causado
en la vida del grácil cinturón de Julieta.

And romeo wanted juliette
And juliette wanted romeo
And romeo wanted juliette
And juliette wanted romeo

Romeo Rodríguez cuadra
sus hombros y jura mientras se desliza un peine a través de su negra cola de caballo,
estará pensando en la habitación solitaria
la pila que próxima a la cama hiede,
es entonces que otea su perfume con los ojos
y la voz de ella, que le parecía como si fuera de campana.
Fuera, en la calle, estarán vaporizando el crack
y los traficantes sueñan
con alguna uzi que apenas antes han estrenado.
Me gustaría poder golpear aquella farola
justo aquella, detrás mía, con este fuerte brazo,
dice el pequeño joey diaz,
hermano, dame otra pipa
esos vecinos del centro no son nada jodidamente buenos
y estos italianos necesitan una lección más,
el poli que murió en Harlem
¿te piensas que le habrían dado aviso?
pero yo estaba bailando cuando su sesos se despanzurraron por la acera.

And romeo had juliette
And juliette had her romeo
And romeo had Juliette
And juliette had her romeo

Guardaré toda Manhattan en una bolsa de basura
con latines escritos en ella que digan:
es duro aquí importar una mierda
y los de Manhattan se hunden y son como una roca
en el obsceno río Hudson, qué jodidos.
Ellos escribieron un libro entero sobre esto,
ellos contaron que era como la vieja Roma:
el perfume quemó sus ojos
y mientras, aún permanecía asido con fuerza a sus muslos
y algo refulgió por un minuto
y luego fue desvaneciéndose y luego, desapareció.

jueves, enero 24, 2008

Last Great American Whale


La lechuza os propone una nueva entrada de mi adorado Lou Reed, procedente de N.Y.,que por cierto no me ha sido posible encontrar esta vez en youtube. Aquí está la letra original y mi propuesta. No va de casualidad este comentario, más bien al hilo (hilado) de las presidenciales, y quien sabe también algo se rasque de las nuestras. Y que os guste.
.

Dicen que nunca tuvo enemigos
que era una grandeza a conservar.
Fue la última superviviente de su progenie
la última de este lado del planeta.

Medía media milla de morro a rabo
plata y azabache con poderosas aletas.
Dicen que podía partir una montaña en dos
así fue como nos llegó el Gran Cañón.

Dicen haberla visto en los Grandes Lagos
Otros también dicen que estuvo por la costa de Florida
mi madre dijo haberla visto en Chinatown
aunque tú nunca debes creerla todo.

En Carolina el sol brilla con fuerza durante el día
y el faro tintinea fantasmagórico de noche.
El jefe de la tribu asesinó al hijo del alcalde,
un jodido racista,
y fue sentenciado a muerte en 1958.

Claro que el chaval del alcalde era todo un cerdo
escupía a los indios y cosas mucho peores
por eso el viejo chamán hundió un hacha en la cabeza
su vida comparada con la muerte era apenas nada.

Los hermanos se reunieron junto al faro
a cantar, a conjurar un vendaval o una tormenta.
El puerto se resquebrajó y
la Gran Ballena brincó fuera del océano con ímpetu,
causando un enorme maremoto
una gigantesca ola que derrumbó la cárcel y liberó al jefe.

La tribu rugía su triunfo
los blancos se ahogaron, y los marroncitos y rojos al fin fueron libres,
aunque la desgracia finalmente llegó:

Algún miembro local del NRA (Nacional Rifle of America)
tomó su bazoka del armario del comedor
y pensando que podía hacer puntería sobre los indios
voló los sesos de la ballena
con su arpón metálico.

Joder, a los americanos nos les preocupan
las cosas, y menos aún la tierra y los mares,
la vida animal no les interesa para nada
menos aún la del propio ser humano.

A los americanos no les preocupa demasiado la belleza,
se cagarían en los ríos,
hasta arrojarían el ácido de sus baterías a un manantial,
pero miran las ratas muertas flotando en la playa
y les jode si entonces no pueden bañarse.

Dicen que las cosas están hechas para la mayoría
nadie cree la mitad de lo que ves,
y nada de lo que tú escuchas,
Es como mi amigo y pintor, Donald, me contara:
“Pincha con un tenedor en su culo,
dales la vuelta y
ya, estarán hechos"

martes, enero 15, 2008

Tempus Fugit / El torbellino de la ciudad


La lechuza ha tejido la siguiente reflexión sobre el tiempo y los torbellinos de la ciudad. Las prisas y los trabajos que nos arrancan la vida.


«Es el torbellino de la ciudad donde duerme la miseria propia de las clases absurdas, de los cincuentones empeñados en el triunfo propicio de la dura maquinaria o la de los becarios que asistieron al postrero maratón pornográfico y que llegaron borrachos a sus puestos de trabajo; es el torbellino donde la miseria duerme, la puta miseria de los ejecutivos que vendieron sueños y trucaron libertad en barracas, todo ello remachado por una borla de acero pulido. Es este un viaje atroz de la vejez que nunca exhibiremos, a lo ñoño, en parte a lo no valiente. Somos dueños del círculo vicioso de las cerraduras vigiladas y parece mentira que suba tanto la marea (y que baje la bolsa), que fumar sea un deporte perseguido y domiciliado y que la noche sepa a mocedad devanada y a sepia a un mismo tiempo; que sea éste un dolor ácido como la miel de los funcionarios, un sabor a cultivar entre los minerales de los huertos de los profesionales solteros, en los estudios apantallados por los creativos, en las pestañas a las que nunca perteneceremos pero que sudamos con la boca clausurada, palabras a las que también debemos regresar tal vez de madrugada o quizás por las tardes tras un largo paseo entre confesiones apegadas y cañas. Somos huérfanos de nuestros encéfalos, somos camaradas asesinados por las codorniz de las oficinas, por su canto de nueve a cinco todos los días, por los niños numerados de los departamentos contables que no educaremos jamás, por las cautivadoras de lamentos telegráficos, por las fisgonas de los confesionarios y las porterías, por los financieros y sus porcentajes subrogados fuera de plazo, por las pájaras que se beben nuestro vino y lo vomitan, por el amontillado, inclusive por aquel jerez que nunca llegó a fabricarse, quizás por la pájara primavera que vemos pasar en la ventana, por la puta mocedad que entregamos en aquella propicia quintaesencia que se nos escurrió el día que nos besaron justo a tiempo, aquel preciso día que construimos nuestro C.V. de lágrimas, entre rosas de granito y cerros ahumados desde los que nos descolgamos en un lamentable vuelo de águila. En el torbellino de la ciudad nos paseamos y nos buscaron las manos o los codos o las extremidades y luego nos miraron tanto a los dientes, blancos y desgastados, y andamos a gatas y reptamos por las aceras hasta hacernos heridas y si hacía frío entonces nos arropamos más pero nunca será suficiente para amamantarnos con deseo: es el torbellino de la ciudad donde la muerte vino como habría llegado antes el tren de las tres, como habríamos comprado el periódico con puntualidad metódica durante veinte años seguidos, como nos auscultaba el doctor cuando nos dolía el pecho y tosíamos, como nos limpiamos la pus de los ojos, como nos follamos entre las sábanas calientes de la madrugada. La muerte vino y fue menester acompañarla, eran sus dientes fríos y sus cuencas algo cerradas y sus orgullos y sus gusanos ociosos de podredumbre. Llegó la muerte y se nos llevó al valiente capitán de fragata, al policía uniformado de duende, al filósofo de pavanas, al constructor de lutos y cenefas, al meneador de aljibes de calima, al porteador de plagios, al obrero de almonedas y presagios, al libelo de los escrotos, al musicólogo adiestrado en clave de fa, la muerte que se nos llevó sus espumas y nos dejó el mismo torbellino de la ciudad liberada, la ciudad mística que solíamos rodear de este a oeste para emborracharnos, la misma ciudad que acompañamos y meamos y paseamos con sus setenta costuras abiertas, la ciudad que visitaron nuestros abuelos, que levantamos y retrocedimos en cerros místicos, que vomitamos cuando otros se la gastaban en las bibliotecas, la ciudad que pertrechó la muerte de (co)razones y tramontanas. Solo entonces habría de llegar el gran mago imberbe, y con su inmensa borla insólita insinuar la vaga palabra mágica del destino que tejería el sueño. Será solo entonces cuando por fin nos transfiguremos en la virtuosa máquina. »

miércoles, enero 09, 2008

Xmas in February (Lou Reed)


Otra tema de su album de New York. Demasiado tarde para ser navidad, aunque quizás sea demasiado pronto para vengan los carnavales de este año. Y esta vez dedicado al Vietnam, a una guerra (una más) que no se ganó. Pura coincidencia. O Escuchadlo.

____


Sam yacía tirado en la jungla
soldado envuelto en agente naranja /
y la niebla y la línea mermelada del horizonte /
con Hendrix, sonando por boca del jukebox extranjero /
todos rezaban por ser salvados /
aquellos chavales eran fieros /
animales sin ningún miedo: /
este es el precio que pagas
cuando invades /

Xmas in February.

Sam perdió su brazo, fue en algún pueblo fronterizo /
sus dedos se mezclaron con los otros restos /
si no fuma
el dolor nunca cesaría; /
la mitad de los muchachos fueron empaquetados
en bolsas negras
con sus nombres impresos: /

Xmas in February.

Sammy fue un bocado tan breve /
bocado del pueblo industrial de obreros
todos trabajaban en la fundición /
pero la fundición tuvo que cerrar /
creyó que en la armada
tendría su futuro,
aunque aquello fue música estéril, una voz casi como la de /

Xmas in February.

Sam miraba el muro de la guerra,
quizás fuese tan solo por un instante, ahora que está en casa
su mujer y su hijo le dejaron
él no trabaja
es el recuerdo de la guerra que nunca ganaron
es el tío de la calle con un cartel que dice
“Ayudad al vet(erano) a volver a casa”

pero él está ya en casa
y no hay navidad en febrero

y nunca no importa
lo que ahorres.

martes, enero 08, 2008

Las flores de Ariadna




Les prometo que hoy he visto las flores de Ariadna.

Del cielo se descuelgan sabores azules y pétreos, verdes y cierzos como madrigueras. Hielos y noches que despueblan los campos, que desmochan los cantos de los páramos. La tarde cayó hace tiempo y una tornasolada ventisca rueda ya por las esquinas, arrastra sus susurros y las voces arrasadas por los caminos. Pienso, es cierto: nadie pertenece a ningún lugar y los huesos nos serán enterrados para luego no ser sino tierra. Y sí, es cierto también que los poetas fueron voces, fueron del “regio”, del corifeo de barderas bordadas, de proclamas y sus victorias; pero, ¿y ahora?¿Quién los reclama?

Apago el motor del coche, apago sus luces. Paro en cualquier cuneta del camino. El atardecer se parapeta tras una deslomada repoblada por pinos, con algunos secarrales y cuchitriles donde se guardan los aperos de labranza. Pronto la oscuridad contagia el paisaje. Llega lo negro. Así es Castilla.

Y pienso, cuando encuentre a Ariadna saldré a describirle mi destino. Sí, en pocas palabras, tal vez en una cuarteta, en un haiku, en un romance. En tres palabras. Y en dos.

Cuando llegue Ariadna lameré su corazón porque dentro se guarda nuestro mayor secreto. Siempre quise escribir algo así. Hurgo en la radio, encuentro una emisora donde ponen un tema de Neruda y lamento no guardar algún papelito para garabatear sus palabras de golpe. De golpe. Por aquí la noche es fría y tangible, es un eco al que se llega desde el centro mismo, con el silencio atroz de sus hielos, de sus inviernos de piedra. Pero pasearía por estos caminos del páramo para siempre hasta dar con Ariadna, quizás se esconda entre los majuelos o dormite por las hojas de la higuera. Quizás transportada por el runrún de la lechuza.

Si ven a Ariadna díganle que los poetas de hoy tienen VISA, que compran pasquines, que van a la piscina, que vomitan café y tienen prisa, que se acomodan al ruido. Que viajan desnudos a la muerte. Y hay galerías y pasadizos donde guardan su silencio en cofres, y pesan sus palabras y las intercambian por adoquines, que trabajan en fabricas rojas. Que venden su sangre y escriben en los ascensores.

Porque hay que escapar. Plegar velas. Volver a casa. Canjear tu hipoteca por un terreno de cebada, por un pozo y la luna. Hacer membrillo con tus propias manos. Tener una razón para ser uno mismo y nunca más en fila de a dos. Precisamente esto le diré a mi bebé cuando crezca: cuenta cien para ser digno, construye los versos pero vete.

Cuando vuelva Ariadna cambiaré su hilo por mi tocado. Ordenaré mis libros, pintaré sus flores doradas. Y si me buscan, cuenten de mi que todo fue un escándalo. Si me buscan, que ni los viejos me recuerden, ni tengan espacio mi versos, ni mi armadura cuelgue en la pared, ni mis botas hayan dejado huella alguna.